Compartim amb vosaltres aquest interessant resum que ha fet la nostra alumna Pilar Pascual sobre un text publicat l’any 2001 a la revista Año Cero parlant sobre la relació entre Amor i Ciència o el Nou Paradigma Científic:

Hace miles de años parece haber existido una civilización, no sabemos si de seres humanos o extraterrestres, depositarios de un saber ilimitado, que construyeron edificaciones y artefactos, que han sido una pesadilla para nuestros científicos y arqueólogos, por lo difícil de su descifrado.

Pero ese conocimiento se perdió por la insensatez de sus miembros y quedó reducido a simples ritos, que dieron lugar a

las ciencias ocultas, la astrología, la alquimia, las disciplinas espirituales y la magia.

En 1976, a raíz de unas imágenes obtenidas por la sonda espacial Viking, donde se recogen imágenes procedentes de la región conocida como Cydonia (localizada en el planeta Marte), en las que se mostraban una serie de estructuras, cuya formación no podía haber sido construida de manera natural, se empieza a plantear la idea de vida inteligente extraterrestre. A partir de esta información, algunos científicos de renombre, consagraron su vida al estudio de este descubrimiento, dando lugar a una nueva rama de la ciencia llamada: Física Hiperdimensional.

La física hiperdimensional teoriza sobre la idea de que los saltos evolutivos son originados por fuerzas interdimensionales que no conocemos.

Volviendo a la región de Cydonia, el científico Erol Torun observó que en dichas estructuras existían una serie de relaciones matemáticas que se repetían, y no por azar, dejando claro que se trataba de un mensaje dibujado por seres inteligentes que se expresaban en el lenguaje matemático.

A partir de este punto, el nuevo reto era descifrar el enigma. Fue el científico R. Hoagland quien descubrió que en los planetas de nuestra galaxia existían zonas de inestabilidad y que curiosamente esos puntos de máxima inestabilidad se situaban a la altura del paralelo 19,5.

Estos postulados dieron lugar a una nueva rama de la física: el electromagnetismo, cuya teoría permitió un gran avance hacia la física moderna. Los pioneros de esta teoría ( Helmholtz, Kelvin, Faraday y Maxwell), llegaron a la conclusión de que

nuestro mundo tridimensional es la realidad que nosotros somos capaces de percibir

(seres tridimensionales) pero que en el universo hay más dimensiones. La interacción entre todas ellas sería la explicación a muchos fenómenos incomprensibles, e incluso la clave de la aparición de la vida sobre nuestro planeta.

Gracias a los primeros espectógrafos se pudo demostrar que los planetas emitían mucha más energía de la que recibían del sol. Ese fenómeno se debía a que la combinación entre la masa de los planetas y su momento angular (energía de desplazamiento alrededor del sol) generaba un punto de contacto con otras dimensiones y se producía una transferencia de energía.

En otras palabras, recibimos aportaciones energéticas de otras dimensiones diferentes a nuestra experiencia tridimensional, y el sistema solar actúa como un portal interdimensional, a través del cual penetra la energía.

El científico David M. Jinks concluye que estamos a punto de acceder a uno de esos saltos evolutivos, porque estamos llegando a uno periodo de máxima transferencia que se dan cíclicamente.

Existen pruebas objetivas que vienen a confirmar que nos encontramos en uno de esos momentos: la resonancia de Schumann. Se trata de una serie de ondas estacionarias de la Ionosfera terrestre, que miden la resonancia electromagnética del planeta. Podríamos decir que constituyen el pulso vibratorio de la tierra. El rango de frecuencia es: 7, 8, 14, 20, 26, 33, 29 y 45Hz. Esta frecuencia era extraordinariamente estable hasta que en 1987 comenzó a sufrir alteraciones, observándose un incremento en los coeficientes.
Evolución

Esta inestabilidad podría significar que un flujo de energía de origen desconocido está penetrando en nuestro planeta, lo que implicará enormes cambios. De hecho, ya hay indicios de que eso está ocurriendo: la capa de ozono y el aumento del coeficiente intelectual de los bebés recién nacidos. Todo parece indicar que nuestro planeta empieza a cambiar.

Si somos capaces de vibrar en armonía con este nuevo flujo de energía, seremos capaces de sobrevivir, sino seremos sustituidos por una especie que encaje con ese patrón.

La capacidad de vibrar en armonía con ese flujo dependerá de nuestro grado de evolución personal, de que podamos transformar las cosas que nos disgustan en amor. El amor será el estado ideal para permitir la transmisión de energía, que favorecerá la evolución del planeta y conducirá a la humanidad hacia la edad de oro que tanto anhelamos.